Emboscada en el Arkansas

02 de marzo de 1779. Luisiana Española.

Días después de dejar el Misisipi, los tres hombres navegaban por el río Arkansas, una vía fluvial que se había convertido en un nido de espías. Sentían ojos vigilandolos en cada recodo.

Al llegar al puesto de San Bartolomé de Arkansas, se encontraron con sus exploradores: Fernando (indio Quapaw) y Pierre Mosque (cazador francés). Después de asegurar la canoa, el Capitán Betancor ordenó continuar por tierra para evitar ser detectados.

"Tenemos compañía."  Advirtió Pierre, señalando el bosque.

"Padre, quédese aquí." Ordenó Betancor. "No se mueva."

El Capitán, el soldado García, Pierre y Fernando se desplegaron.

La Batida

El bosque era recorrido por un camino paralelo al río. Pierre, en el flanco izquierdo, se encontró con una partida de indios Quapaw. Tras un breve saludo, uno de ellos le hizo una señal apenas perceptible, indicando la posición exacta de los enemigos, que estaban ocultos entre la maleza, al acecho.

Pierre avanzó rápidamente, ayudando a cerrar el cerco. El Capitán Betancur rompió el silencio, al ver levantarse a los indios que le apuntaban con sus mosquetes. Su pistola tronó, abatiendo a uno de los indios emboscados. 

En respuesta, dos disparos del enemigo hirieron a Fernando, mientras otros dos enemigos intentaban huir, solo para ser cazados por PierreEl último indio aún intentaba recargar su mosquete, pero el soldado García no le dio tiempo. Un certero disparo a quemarropa atravesó la espalda del hombre, poniendo fin al encuentro.

Una Lealtad Forjada

Con el ambiente aún cargado de humo y pólvora, Pierre se acercó al Capitán, quien inspeccionaba los cuerpos mientras el sacerdote se reunía con ellos.

"Son indios Choctaw," indicó Pierre. "Están peligrosamente al norte de su territorio."

"Son espías ingleses," corrigió Betancour, su rostro enfadado.  "Nos vamos a encontrar más en el camino." Hizo una pausa,  "Enterrémoslos. No dejemos pistas de nuestra escala."

Al observar a Fernando, vio que estaba solo levemente herido. Podría continuar la marcha.

La partida de indios Quapaw se acercó. El Capitán y Pierre hablaron con ellos largamente, una conversación de aliados y lealtades en un territorio incierto. Tras quedarse con los mosquetes de los Choctaw, los cuerpos fueron enterrados sin rastro.

El más joven de los Quapaw se ofreció entonces para unirse a la expedición. Buscaba aventuras y la oportunidad de demostrar el valor de su pueblo a sus nuevos aliados españoles. El Capitán, valorando el riesgo y la ventaja, asintió.

La amenaza se había disipado. Por ahora. El Capitán Betancour sabía que el camino hacia el objetivo sería largo, y que acababa de adquirir tanto un aliado crucial como la certeza de que estaban siendo cazados.

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