Episodio 5. El cerco.
—¡Encima de nosotros! ¡Nos han cerrado el paso! —exclamó Doña Inés con el rostro desencajado por el pánico.
—No os detengáis. ¡Yo me encargo de abrir hueco! —rugió el Conde de Ribagorza, desenvainando el acero con un zumbido seco.
Mientras el Conde cargaba de frente contra la línea enemiga para retenerlos, el Barón de Lanuza agarró del brazo a la mujer y se escabulló raudo por la parte trasera del caserío.
—Por aquí, rápido, pegados al muro —siseó el Barón.
La repentina huida dividió a la partida contraria. Al ver el movimiento, el sargento francés ordenó a gritos:
—¡L'un de vous, suivez-les! ¡Les autres, arrêtez celui-là!
Los soldados franceses dudaron un instante entre ir tras el Barón o asegurar su posición frente a la furiosa acometida del Conde. Esa indecisión fue letal para ellos. Aprovechando el desconcierto, el Conde se enfrentó a sus contrincantes de forma más cómoda, cruzando aceros y derribando a los soldados uno tras otro.
—¿Eso es todo lo que la guardia del rey francés puede ofrecer? —burló el Conde, cruzando estocadas con precisión implacable mientras otro enemigo caía sangrando en el barro.
Sin embargo, la emboscada estaba meticulosamente urdida. De entre los matorrales traseros emergió el soldado francés que se había escabullido obedeciendo la orden, cargando por la espalda por sorpresa.
—¡Halte-là, chien des Pyrénées! —gritó el atacante, arremetiendo a bayoneta calada.
El Conde recibió un par de golpes secos y contundentes en el brazo que le hicieron maldecir de dolor, entumeciendo sus músculos. El castigo no hizo sino avivar su furia.
—Malditos bastardos... —gruñó apretando los dientes, sorteando el dolor para girarse sobre sus talones.Con un tajo final desesperado y certero, hizo morder el polvo al último agresor, quien se desplomó murmurando un débil ¡Mon Dieu...! Cuando la calma tensa volvió a cernirse sobre el lugar, los cinco soldados franceses yacían abatidos en el suelo, dejando al Conde solo, magullado y con el brazo sangrante, pero victorioso sobre el terreno.
El Barón de Lanuza aguardaba junto a Doña Inés en un desvío del camino, conteniendo la respiración. Al ver aparecer al Conde con la manga desgarrada por los golpes, la tensión se desvaneció. Cruzaron miradas de silenciosa complicidad, sabiendo que habían burlado a la muerte por los pelos. Sin perder un instante más, los tres retomaron la marcha a paso firme, adentrándose definitivamente por los sinuosos senderos que conducían hacia las seguras tierras de Don Julián de Eguía.
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Aragoneses. Leales a Carlos I
Puntos de experiencia: 7 puntos.
Soldados franceses
Puntos de Victoria: 1 puntos
Puntos de experiencia: 4 puntos.





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